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Las ricas horas de Jacominus Gainsborough

Rébecca Dautremer vuelve a ocupar un lugar importante entre nuestros destacados del semestre con un libro que permite leer la historia pequeña y aparentemente normal de un conejo en clave de libro iluminado. Un viaje visual que combina no solo el preciosismo habitual de la ilustradora, sino que lo conjuga con precisión al relato de ella misma como escritora.

Por Astrid Donoso H.

Volver a esta autora francesa es como retornar a un cálido lugar donde realidad y ensueño se entrecruzan. Donde los detalles alcanzan su mayor despliegue, donde lo pequeño y minucioso se vuelve perfecto y trascedente. En cada libro de Dautremer somos testigos de algo mágico, de estar cruzando a otro espacio, de vislumbrar el destello de la belleza en su máxima expresión. No por nada, con solo 48 años, ya se le considera una autora clásica de la literatura infantil y juvenil, poseedora de un estilo propio que muchos han intentado imitar con desiguales resultados. La potencia de su trabajo podemos verla en sus versiones de relatos tradicionales publicados por Edelvives: Alicia en el país de las maravillas (2015), Cyrano (2006) o Pulgarcito (2009). Pero Dautremer es mucho más que el trazo de sus pinceladas o la reimaginación de personajes ineludibles de la literatura. En cada relato atisbamos la sombra de algo más, un trasfondo hacia otro modo de observar los hechos y los personajes. Una forma particular de mirar y relacionarse con el mundo.

En Las ricas horas de Jacominus Gainsborough (Edelvives, 2018) volvemos a encontrar a la minuciosa Rébecca con sus detalles, sus pequeñas narraciones dentro de otras, esas que ocurren cuando pareciera que no estamos atentos y estamos mirando hacia otro lado, mientras la vida continúa para el resto. Tal cual como hace Jacominus en sus paseos por la orilla del mar o mirando una agitada carrera.

Jacominus es un conejo que ha tenido un accidente y una de sus patas nunca vuelve a ser la misma. Su abuela Beatrix –cuyo nombre alude a la autora de Pedro, el conejo, Beatrix Potter– es quien más cerca está de él y lo alienta a tomar este accidente con normalidad, hasta el punto de definir algo en su carácter; como cuando señala que debió aprender a esperar, a pensar y a confiar en sí mismo.

 

«Las ricas horas de Jacominus Gainsborough» (Edelvives, 2018)

 

Dautremer va armando una vida constelada de influencias, de lecturas y decisiones meditadas. No es casualidad que el libro tenga en su título “las ricas horas”, en directa alusión a los manuscritos o libros iluminados, un formato hace ya un buen tiempo en desuso pero altamente valorado. Es una forma de trabajar y de idear un relato que tiene una larga tradición, el cual fue concebido para temas religiosos, siempre con elaboradas decoraciones en láminas o pátinas de oro y plata, entre los cuales destaca Las muy ricas horas del Duque de Berry, cuyos folios son de 1410 e ilustraban principalmente los Evangelios. La idea de estos grandes libros –algunos en pliegos o folios cosidos a mano, otros en pergaminos o incluso códices enrollados–, era siempre obtener un trabajo minucioso de ornamentos, delicadas miniaturas y bordes, fruto de horas de paciencia y dedicación monástica. Eran, por consiguiente, libros sagrados. Y algo de eso hace eco en Jacominus.

El guiño a esa tradición es deliberado. Entramos en la historia de su protagonista como lo haríamos con una figura mítica, como lo hacen algunos libros de iniciación. Jacominus es un conejo entrañable que recorre el mundo primero en sus sueños, quieto en el bullicio del resto, y luego en barco, practicando la infinidad de idiomas que ha aprendido y luego enseña. Recorremos su vida, pero sumergidos en sus pensamientos. Vemos lo que él observa, lo que le interesa y en lo que se detiene, como fotografías de un álbum que de alguna forma nos muestran el horizonte de su propia existencia. Por el contrario, en los planos en que somos testigos del ajetreo a su alrededor, nos encontramos con un Jacominus pensativo, algo lejano en sus propios pensamientos. En pleno viaje interior.

Este libro de Dautremer emula muy bien a las Bildungsroman o novelas de aprendizaje, de formación; relatos que de alguna forma dan cuenta de un camino que se emprende, de una iniciación. Así, nos encontramos con verdaderos álbumes de fotografías trabajados en suaves tonos grises y sepias, con destellos coloridos que contrastan con las escenas grupales muchísimo más coloridas. Estos espacios nos dan una mirada al interior del protagonista, de su propio pensamiento, de las coordenadas que lo habitan y lo mueven.

Lo interesante del ejercicio es que si bien esto se hace en novelas o relatos con diálogos interiores, aquí Dautremer lo logra más allá de las palabras. Lo describe a la perfección en imágenes, como un relato cinético de autor, tomando elementos que quizás podríamos ver en novelas gráficas o en interesantes híbridos como La invención de Hugo Cabret (Ediciones SM, 2017) o Al sur de la Alameda (Ekaré Sur, 2014). Existe una detención, una invitación a la pausa y a vislumbrar quién es Jacominus, más allá de la historia de sus viajes, de sus clases, de su familia o el ajetreo mundano de los días y los años.

«Las ricas horas de Jacominus Gainsborough» (Edelvives, 2018)

«Las ricas horas de Jacominus Gainsborough» (Edelvives, 2018)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dautremer suele trabajar con gouache sobre papel de acuarela en grandes escalas, aunque también ha jugado con las texturas fotográficas y los collages. En este caso, podemos visualizar perfectamente a Rébecca como una de esos monjes medievales ilustradores de los códices, trabajando absorta con un pequeño pincel, dando los énfasis y detalle necesarios, como si asistiéramos a una escena de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco (1980).

Jacominus, en su delicadeza y profundidad, vuelve a reiterar las habilidades pictóricas de su autora, pero por sobre todo, las narrativas, algo que ya habíamos disfrutado con El pueblo durmiente (Edelvives, 2017). En esta ocasión consigue armar un libro álbum que sin duda permite ampliar nuestro horizonte, abriendo posibilidades nuevas al cruzar géneros y miradas en la aparente mínima historia personal de un conejo.

Esta reseña fue publicada en agosto de 2019 en el boletín n° 9 del comité de valoración de libros Troquel.

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Troquel

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