Héroes subterráneos: La epidemia del sida en los 80

En tiempos en que la epidemia del sida nos alerta con cifras alarmantes a nivel país, tiene sentido recordar lo ocurrido a fines de los años setenta en la ciudad de Nueva York, cuando una enfermedad aún desconocida, comienza su incontrolable expansión. Este es el escenario de Trapicheos en la Segunda Avenida, novela gráfica que rescata la historia de aquellos héroes anónimos que dieron la pelea en los primeros años del VIH/sida.

Por Juan Morel R.

Hay mártires anónimos. Hay santos profanos. Hay altares y animitas. Porque es necesario, cuando recorremos la historia, detener la narración en una página, como minuto de silencio y homenaje. Mirar la cara, no solo de la muerte en medio de la epidemia del sida en los años ochenta, sino también de aquellos que hicieron del proceso de la muerte algo menos terrible. Trapicheos en la Segunda Avenida (Editorial Dos Bigotes, 2018) es la historia de esos héroes subterráneos que se ocuparon de personas que parecían no importarle a la sociedad de entonces.

En el Nueva York de fines de los años setenta, un enfermero que trabaja jornada completa en el hospital y no le queda tiempo para dedicarse a la dramaturgia, y su pareja, un músico que tiene que tocar en matrimonios para sobrevivir, ven en la venta de marihuana una forma de ingresos que les permite una vida más cómoda y la posibilidad de realizarse como artistas. Deciden “trapichear”, que es como se diría en España a vender algo ilegal al por menor. Y en medio del éxito de la venta ilegal de marihuana, en medio de un grupo de artistas que se desarrollan y disfrutan las posibilidades de vida under de la ciudad de Nueva York, en medio de la fiesta, cuando todo iba bien, cuando todos bailaban, empieza a desenvolverse una epidemia, una enfermedad extraña que todavía no se comprende, pero que mata y se extiende para seguir matando.

Las víctimas, son principalmente hombres homosexuales. Al gobierno, por lo tanto, poco le importa. Pero bastó que muriera un hombre heterosexual –o que al menos dijera que lo era–, para que el problema fuera serio, para que las autoridades afirmaran que esta plaga que en un principio se llamó GRID (Gay-related immune deficiency) era algo de lo que había que preocuparse.

Este es el contexto y el argumento de Trapicheos en la Segunda Avenida. Una historia emotiva pero simple, que en el formato clásico de superhéroes como Batman y Superman, con un estilo a ratos más cercano a la caricatura que al realismo, nos presenta una serie de héroes que lucharon y dieron la pelea en los primeros años del VIH/sida. Y si fueron héroes es porque tuvieron que serlo, porque el gobierno, las autoridades, pusieron barreras. La prohibición de las leyes obligó la aparición de estos héroes clandestinos, personas comunes que tuvieron que disfrazarse para engañar a las autoridades y pasar fronteras con medicamentos que en Estado Unidos aún no se aprobaban, porque no se veía la urgencia en la muerte de grupos “marginales”. Y así una pareja que vendía marihuana se ve obligada a ampliar el negocio porque había otra droga ilegal que traía más beneficios a sus cercanos que los efectos del humo canábico. Es una historia que inevitablemente recuerda a la película Dallas Buyers Club (2013), pero es otro el contexto y otra la forma en que se narra, aun cuando al leerlo pareciera que vemos una película que, tristemente, cuenta un hecho completamente real.

La autora del libro, Joyce Brabner, escritora de cómic políticos, nos cita a una entrevista con un amigo suyo que fue precisamente uno de los que empezó a traficar remedios. La entrevista y la novela gráfica son el recuerdo de esos días, de cómo empezó todo, de las primeras muertes y, principalmente, de las personas que pusieron uno y los dos hombros en medio de esta tragedia. Se remonta, por medio de la entrevista y de los recuerdos ilustrados por Mark Zingarelli, a esos días cuyos detalles muchos desconocemos. Pese a que a veces las ilustraciones parecieran ser de una estética más amable, logramos caer en medio de la historia y no podemos evitar las emociones que van permeando poco a poco la lectura, hasta que cerramos el libro con un nudo en la garganta, con la necesidad de un poco de silencio.

Trapicheos en la Segunda Avenida es una especie de animita y tiene esa forma. Por eso es que entre las páginas vamos encontrando pequeños altares, monumentos y homenajes para recordar a los olvidados. Páginas detenidas para destacar a los héroes de la historia a través de sus objetos y sus fotos, que es lo único que queda. Mártires y símbolos. Es inevitable pensar: qué afán el de los Estados, democráticos y occidentales, por maltratar, encarcelar, entregar al olvido y dejar en medio de la calle en vez de levantar homenajes y monumentos; qué afán por generar mártires, por facilitar las condiciones para que hacer lo éticamente correcto implique algo heroico, a costa de evadir las leyes y las autoridades. En tiempos en que la misma enfermedad sigue teniendo brotes, muchas veces con consecuencias letales, tiene sentido recordar lo ocurrido hace cuarenta años, esas tragedias ocultas, con sus víctimas, sus mártires y sus héroes, anónimos y subterráneos.

Esta reseña fue publicada en agosto de 2018 en el boletín n°7 del comité de valoración de libros Troquel.

 

 

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