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Luces y sombras de Santiago

La ciudad ha sido motivo de inspiración para un sinnúmero de escritores que posaron la mirada en sus hitos más emblemáticos. Otros, han vuelto a mirarla para revelar su rostro más hostil. En esta selección literaria confluyen tres autores que ofrecen un paisaje diverso desde el corazón de Santiago, una capital cargada de relatos por descubrir en cada vuelta de la manzana.

Por Macarena Pagels S.

El último fin de semana de mayo, como ya es costumbre desde hace algunos años, celebramos en todo Chile el Día del Patrimonio Cultural, fecha que se ha convertido en una ocasión perfecta para recorrer la ciudad y conocer los secretos que guardan sus avenidas, edificios y relieves naturales que colorean el paisaje de todos los días. El corazón de Santiago se convierte, entonces, en escenario de diversas actividades que buscan acercar a la ciudadanía los relatos patrimoniales que configuran su historia. La materialidad de la ciudad nos habla y un sinfín de escritores a lo largo del tiempo ha recogido estas voces tan diversas para pintar, desde distintas perspectivas, el retrato de la ciudad.

Felizmente nos hemos encontrado con una selección literaria que rescata los distintos rostros del centro histórico de Santiago y sus transformaciones que, a lo largo del tiempo, ha experimentado tanto en sus espacios como en la forma de habitarlos. La invitación de estos títulos, entonces, es a dar un paseo y detenernos en algunos de sus hitos más característicos, como si fuésemos espectadores frente a un gran escenario.

“Las ciudades, donde se funde lo inactual con lo actual, tienen siempre algo de teatral”, diría Oreste Plath en uno de los 135 artículos que escribió para la revista En Viaje entre 1945 y 1972, y que han sido reunidos bajo el título Estampas santiaguinas (Letra Capital, 2018). En una delicada selección, acompañada por las ilustraciones de Pati Aguilera, el libro nos invita a visitar la ciudad y reconocer sus espacios más característicos, desde la mirada aguda y sensible del folclorista nacional y cronista urbano, quien además ensaya una prosa amena y cercana al lector. La edición propone una organización de estos relatos como si fuese un tour por el centro de Santiago, con una mirada patrimonial de sus hitos urbanos, arquitectónicos y naturales, pero también desde una dimensión cultural que se descubre en las costumbres, actividades cotidianas y formas de ser de sus habitantes.

«El Río. Novela gráfica» (Tajamar, 2018)

«Estampas santiaguinas» (Letra Capital, 2018)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como todo su quehacer literario, Oreste Plath no pierde ningún detalle para pintar un cuadro lo más realista posible sobre el corazón de Santiago. Pone especial atención a los ornamentos de su arquitectura, a las personas que figuran en sus monumentos, a las raíces de algunos nombres tan comunes como Ñuñoa o San Cristóbal, pero también al trajín popular y los dichos de la calle. Tanto para el erudito como para el lector curioso, desfilan entre las páginas hitos tan emblemáticos como la Alameda, el Río Mapocho o el Cerro Santa Lucía. También se podrá visitar los mercados de Santiago como si no hubiera pasado el tiempo u observar que ciertas expresiones no han envejecido y hasta el día de hoy viven entre la muchedumbre: “¡juntémonos en el centro!”, “¡vamos al centro a vitrinear!”.

Para complementar este recorrido patrimonial y nostálgico de Santiago, Un día soleado (Ekaré Sur, 2019) es un cuento perfecto para continuar el paseo, al compás de unas cuantas coplas que relatan la sencilla historia de Simón, un perro callejero que vive a orillas del Río Mapocho. Un día como cualquier otro, conocerá a Rafaela, una niña muy amistosa que pierde su cartera bajo las garras de un perro ladrón. Ante esto, Simón se lanzará a través de la ciudad persiguiendo al caniche entre parques, museos y mercados. Sin proponérselo, llevará a la niña a recorrer los claroscuros del corazón de la urbe.

En esta historia hay una mirada infantil y juguetona que sus autores –el poeta Rafael Rubio en los textos y Gabriela Lyon en las ilustraciones–, comparten con los lectores. Pero también se trata de una experiencia literaria y visual que busca captar el sabor popular de nuestros espacios cotidianos. Es un cuento ideal para conectarse con la ciudad y volver a mirarla con afecto, a partir de personajes tan familiares como el típico perro de calle que sigue a quien le simpatiza.

Esta mirada nostálgica y familiar de la ciudad contrasta con otros escenarios posibles en la literatura, que proponen una mirada crítica al lector. Aquellos donde el esplendor convive con la miseria de los que quedan al margen, de quienes encuentran otros espacios que habitar y hacer propios, en la búsqueda de un sentido de pertenencia. Así, la ciudad cristiana concebida en el proyecto de Benjamín Vicuña Mackenna a fines del siglo XIX, cohabita con esta otra: la de sus rincones marginales, circundada por las arboledas que intentan mitigar el olor de la miseria y del río que irrumpe en su geografía.

«Un día soleado» (Ekaré Sur, 2019).

Este es el escenario de una ciudad que nadie quiere ver y que fue retratado de manera sobrecogedora por Alfredo Gómez Morel en su novela El Río, publicada por primera vez en 1962. Más de medio siglo después, el llamado “clásico de la miseria” no pierde su vigencia y es nuevamente publicado, esta vez en una adaptación al cómic del fallecido escritor y humorista gráfico José Gai. Los elementos visuales que se conjugan en esta nueva versión se construyen como un nuevo lenguaje para retratar la crudeza de la historia. Entre grises y sombras, en El Río. Novela gráfica (Tajamar, 2018) cobra vida el relato descarnado sobre las experiencias de un niño que, sin conocer otra vida que el abandono y la violencia, encuentra un sentido de existencia en las orillas del Mapocho junto a otros niños como él, que ya hicieron de este espacio su hogar.

El Mapocho es el afluente que atraviesa la ciudad y la divide en dos escenarios, tanto geográfica como socialmente: el del esplendor por un lado y el de la exclusión por el otro. La división también es simbólica y el Río, así con mayúscula, se convierte en un personaje más de la historia de la ciudad. El Río es la familia, es el hogar, son los pelusas que viven en sus riberas y comparten una existencia de dolor pero, al mismo tiempo, de fraternidad y amor inmersos en la marginalidad.

Santiago está lleno de relatos que contar en cada vuelta de la esquina. No hace falta más que mirar otra vez sus alrededores para escribir una nueva historia.

Este artículo fue publicado en agosto de 2019 en el boletín n° 9 del comité de valoración de libros Troquel.

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Troquel

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