Marta Comín: la princesa del troquel

Desde Suben y bajan, publicado en 2017, seguimos los pasos de esta ilustradora española. Este año hemos tenido la suerte de leer y disfrutar sus tres últimas entregas Abracadabra, Diez gusanitos duermen y ¿Y tú, qué crees?, el primero de manos de Combel y los dos siguientes editados por A buen paso. En cada uno de ellos nos encontramos con el origen del trabajo de Marta: los relatos cotidianos, la simplicidad en las formas coloridas y, sin duda, su amor por el troquel.

Por Claudio Aravena G.

Quién cuando chico no quiso tener una varita mágica para cambiar las cosas, abrir un pañuelo para que de él salieran palomas volando o que de un sombrero de copa se asomaran las orejas de un conejo. Ser mago, vestir una capa, caminar con gesto adusto y en un plif plaf sacar monedas de oro detrás de las orejas de los espectadores.

Al menos yo levanto mi mano y digo que con Abracadabra, de Marta Comín (Santander, 1982), he revivido la emoción de ser mago. Editado por Combel el año 2019, el libro se presenta como un maletín rojo con las asas escondidas detrás de las tapas; un gesto que invita a explorar este misterio. La historia es sencilla, un niño está de cumpleaños y su abuelo le da de regalo su maletín de magia.  En un dos por tres, la autora nos sumerge en un libro con distintos trucos: aparecen monedas que se convierten en cerezas, los seis terrones de azúcar se transforman en palomas, los dados mágicos son nuevos pececitos nadando en el jarrón, que aparecen después de soplar unas cartas, besar a una rana y contar hasta tres, ¡uf!

Al diseñar este libro, Marta ha escrito en Instagram que su principal referente para construir estos nuevos patrones es el diseñador italiano Bruno Munari. Uniendo la geometría y el diseño, tanto Munari como Comín, encuentran nuevas lecturas en las formas; en este libro, por ejemplo, un conjunto de triángulos, cuadrados y círculos se transforma, con solo dar vuelta la página, en un campo de margaritas. Para crear esta magia, hay tres aspectos que colaboran para hacer de este un libro seleccionado por nuestro comité: la encuadernación, el color y el cartón. La primera nos permite extender el libro y manipularlo sin problemas; la presencia de colores fuertes nos revela el gusto de esta ilustradora por el trabajo de otros autores como Paul Rand y Fredun Shapur; y el tercer punto –el cartón– le permite a Comín pensar en cortes precisos y tener el cuerpo necesario para que el troquel cumpla su objetivo mágico.

Por buen camino

 

En dedos, colas, patas, bocas y en mucho más se convierten los diez gusanitos que duermen envueltos por su mamá, ¡qué mejor que soñar con ser distinto! La trompa de un elefante, el mango de un paraguas, la pata de un pulpo, la lengua de un camaleón. Marta Comín, en Diez gusanitos duermen (A buen paso, 2019), nos revela un catálogo de acciones y personalidades gusanísticas, ideal para que los pequeños los recorran con sus propios dedos. Con recursos que nos recuerdan a los libros troquelados del japonés Taro Gomi, la autora incorpora al final del libro cuatro láminas recortables para que niños y niñas experimenten y se transformen en cuentacuentos. Editado con la ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte de España, nuestro comité Troquel recomienda este libro para la primera infancia por su tierna historia, por su diseño atractivo, colorido y de formas sencillas, y por la materialidad: es fácil de manipular, limpiar y sus puntas redondeadas no causarán daño a los pequeños lectores (que ya sabemos, gozan llevándose los libros a la boca).

 

Por su parte en ¿Y tú, qué crees?, también publicado por A buen paso el 2019, vuelve a sorprendernos con el troquelado: ya desde la tapa vemos un fantasma sobre el sofá y unos pequeños ojos que nos indican quién está bajo ella. En una mirada que nos acerca a Suben y bajan (A buen paso, 2017), Comín nos demuestra que la vida (o una historia) tiene distintos ángulos según el cristal con que se mire. Si para unos la lluvia puede ser una señal de quedarse en casa mirando por la ventana; para otros, esa misma lluvia es un llamado a saltar los charcos. O cuando el gato, coqueto, se mira al espejo diciéndose que es muy especial y adorable, a la página siguiente vemos que es todo lo contrario.

 

Es difícil encontrar libros para la primera infancia que se alejen de las formas chillonas, llenas de brillantinas; lo que habitualmente recibimos en el comité son libros pensados en la formación de hábitos, sin gracia, editados sin rigor. Estos tres ejemplares son el caso contrario: cada uno de los libros se vuelve un manejo del juego y la expectativa, ¿qué pasará al dar vuelta la página? ¿Qué truco me traerá Marta en este diseño? ¿En qué objeto se transformará esto que veo como un lindo diseño de una polera? Para conocer estas historias no se necesitan capas, ni varitas, ni conejos escapando de sombreros de magos, solo estar abierto a la imaginación de Marta Comín.

 

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Troquel

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