Panorámica: Devoción por Guridi

El ilustrador español hizo su debut en Troquel el 2016 con Érase, en el boletín n° 4, luego volvió a sorprendernos con Colossus, uno de los imprescindibles del año 2018. En esta selección anual se destaca con Cómo meter una ballena en una maleta y en su trabajo con la francesa Ingrid Chabbert para Una isla. Todos libros que invitan a la reflexión sobre el ser humano y su relación con el ambiente que lo rodea.

Por Claudio Aravena G.

Guridi –el ilustrador Raúl Nieto Guridi– mira sonriente el objetivo de una cámara, parado al borde de una piscina de un hotel porteño, en medio de una entrevista. Invitado por Filbita, el hermano menor del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba), luce anteojos sobre la cabeza de una calvicie ya prominente, viste una polera azul con estampado de una gran ballena, acaso parecida a la portada de su libro Cómo meter una ballena en una maleta (Avenauta, 2019), texto conmovedor que el comité Troquel seleccionó para este año como imprescindible.

272 millones de personas, según la ONU, dejan sus casas en busca de una vida mejor. Cruzan desiertos, mares, montañas, solos o con sus familias, alejándose de la hambruna, la violencia, los gobiernos autoritarios, el cambio climático. Quieren una nueva perspectiva de vida, un horizonte que los haga nuevamente creer. Ante la pregunta –lógica e incómoda– sobre qué llevar cuando se abandona el hogar, Guridi hace un ejercicio plástico: un niño sin rostro, vestido de short azul y polera a rayas, trata de diversas maneras de llevar consigo lo más preciado, su ballena. De presencia imponente, el ilustrador sevillano inunda las páginas de un animal colorado enorme y escribe “mi ballena es grande, como todas las ballenas. Y mi maleta es pequeña, como todas las maletas”. Y así, en este juego doloroso e incierto, los lectores nos preguntamos cómo hará el protagonista para doblar en su pequeña valija una vida entera. Porque tal como no existen maletas para ballenas, tampoco existen espacios para hacer caber todos nuestros recuerdos: ¿qué hacemos con nuestros sueños?, ¿dónde guardamos la esperanza?, ¿cómo embalamos el miedo? Podemos guardar violines, trompetas, abrigos, sombreros, pero ballenas. Ballenas no.

Y eso que a Guridi le encanta guardar cosas. Si los bolsillos de sus pantalones fueran más grandes de lo normal cargaría con todas las piedras que le gusta recoger: “Tengo pasión absoluta por las piedras. Es curioso, porque cuando cojo la piedra, la tengo que tocar, tenerla en la mano y saber si realmente esa piedra quiere que se la lleven o no. Es una sensación, pero realmente, yo tomo la piedra y algunas veces me ha gustado estéticamente, pero no la tomo si siento que no quiere venir conmigo”, sostiene en la entrevista. Guridi sonríe, sabe que se siente como Colossus –el personaje que le da vida al libro homónimo editado por Tres Tigres Tristes el año 2018–, un hombrón amarillo que puede levantar 845.346.783 piedras en cada mano. Colossus, el gran gigante panzón, de cuerpo inmenso y patas cortas, lleva un sombrero de ala ancha; es amante de la naturaleza, por eso colecciona todo tipo de árboles: 438.947 tiene de ellos; disfruta con las casas, por eso posee 19.267, desde cabañas hasta edificios; es un gozador, por eso come 329.457 papas crudas y casi un millón de zanahorias al día. Pero este voluminoso hombre guarda un secreto, ¿qué será?

Llevar un lápiz siempre encima, siempre contigo. Esa es la premisa de Guridi para ser un buen ilustrador. “Cartier Bresson decía siempre que para ser fotógrafo lo que había que hacer era salir con una cámara en la mano, yo digo lo mismo en relación a dibujar. El otro día me preguntó un niño en la Escuela 8 del barrio de Barracas (Buenos Aires) qué había que hacer para ser ilustrador. Le dije que llevar un lápiz siempre encima. Eso es básico”.

Así fue desde pequeño, con una madre artista y un padre dibujante técnico, Raúl vivió rodeado de lápices, pinceles y libros, muchos libros, aunque no se considera lector de ellos desde chico. Su pasión iba por pintar, dibujar, estar rodeado de amigos y disfrutar de las historietas, esas sí las leía con ganas: Astérix y Obélix, Mortadelo y Filemón y Mafalda; de esta historieta argentina su personaje preferido es Felipe (el mejor amigo de la protagonista, con dientes de conejo, lector de El llanero solitario y fan de los Beatles) por su capacidad de eludir la realidad. Guridi se ríe al contar ese recuerdo y nosotros pensamos cómo será en su faceta de profesor, porque además de ilustrador Raúl es maestro  estable en un liceo de educación media, “para mí es fundamental que el alumno disfrute y yo muchas veces trato de adaptarme al alumno, porque el arte trata de adaptarse muchas veces también a la sociedad. Me encantaría conseguir que mis alumnos sean capaces de reflejar su personalidad, sus inquietudes, su cotidianidad”.

Ese cotidiano lo busca en sus propios libros, por ejemplo, en Érase (Tres Tigres Tristes), seleccionado por nuestro comité en el año 2016. Érase, un hombre azul, formal, de chaqueta y humita, con sombrero tipo Bowler –o de Chaplin, más fácil– era un verdadero cuentacuentos y la comunidad lo reconocía como tal, dice el autor: “Érase creció y con las palabras, formó frases, con las frases formó historias, cuentos y leyendas que convertían la más cotidiana de las situaciones en momentos inolvidables”. Claro que un día, Érase se quedó en silencio y este llenó por completo el pequeño pueblo de casas altas y paredes de azulejos pintados a mano. Para motivar al narrador, los habitantes del caserío se disfrazaron de animales y así las páginas blancas se llenaron de hombres con cabezas de pescado, mujeres con melenas de león, niños flor, niñas toro, mujeres coneja. Pero nada de ello cambió su mutismo. Nada, hasta que las notas dulces de un violonchelo comezaron a escucharse y Érase poco a poco comenzó a decir las palabras nuevamente y de su boca brotaron regocijo, ultramarino, palisandro, rastro, lunar, tinta, sonido, dentro, fuera, fin. Las palabras brotan también para Guridi: “el paso que doy desde la pintura, que es completamente estática a intentar narrar. Narrar como sea. Entonces descubro que uno empieza a escribir cuando escribe”.

“Cómo meter una ballena en una maleta” (Avenauta, 2019)

“Colossus” (Tres Tigres Tristes, 2018)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo es dibujar para otros? ¿Inspirarse en palabras que no son las tuyas? ¿Crear una narración a partir de otra? En Una isla (Tres Tigres Tristes, 2019) los pinceles acompañan el texto de la escritora francesa Ingrid Chabbert. Hoy, ya no se necesitan metáforas (sí, libros bellos) para comprender el desastre del cambio climático y cómo la intervención humana ha cambiado el rumbo de la tierra, nuestra isla. El llamado es a pedir perdón y a tomar medidas para que vuelvan los árboles, los pájaros, para que las plantas llenen de verde y de oxígeno nuestro aire. Y si todos ayudamos a plantar, hay esperanzas, “se arma (…) una red que te hace creer en el género humano, y es que en la lucha contra las injusticias, la lucha por un mundo mejor se da en distintos focos, en distintos sitios del mundo, y eso es una maravilla”.

Así es Guridi, un artista, profesor, dibujante y bailaor de flamenco, un apasionado por la fotografía, alguien que dibuja en la calle mientras espera a su mujer salir de un concierto o a sus hijos mientras está en el auto. Alguien que mira a la cámara fijamente, mientras está sentado en una tumbona blanca, bajo el sol de la ciudad de Buenos Aires.

Este artículo fue publicada en marzo del 2020 en el boletín n° 10  del comité de valoración de libros Troquel.

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Troquel

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