Reseña: Los viajes perfumados

Nuestra fascinación por las flores no es algo nuevo. Esto queda claro en Los viajes perfumados, donde se muestra cómo los humanos han sido cautivados por los colores, las formas, los aromas y las propiedades de flores que cambiaron el curso de los viajes y plantas que obligaron a viajeros a detenerse en territorios desconocidos para después regresar a compartir nuevos descubrimientos. Esta es la historia de esos viajes motivados por las flores.

Por Juan Morel R.

 

Las historias y la Historia se pueden contar desde distintos puntos de vista. Desde sus personajes, desde los hechos, los conflictos y los procesos, o desde una interpretación ideológica que va unificando el relato. Pero también puede ser contada desde los objetos que influyeron de alguna forma en el curso de lo que se cuenta. Es el caso de Los viajes perfumados. Pequeñas y grandes historias del mundo de las flores (Océano, 2019), de Dimitri Delmas y Amélie Fontaine, que nos muestra pequeños relatos que tienen a las flores como centro.

Como cualquier libro de Historia, su contenido no es absoluto. Más que una enciclopedia, es una narración de momentos, un paseo por jardines de distintos continentes en que nos iremos deteniendo frente a algunas flores que, por distintas razones, marcaron un hito. Flores que movilizaron a países, flores que cambiaron la economía, flores que iniciaron guerras o simplemente flores cuyos nombres dieron pie a historias en que pétalos de colores y formas nunca antes vistas –por los europeos– obligaron una estadía en otro continente.

¿De dónde viene nuestra fascinación por las flores? Desde el punto de vista de la ciencia, la flor podría solo significar que ahí pronto habrá un fruto y que nuestra fascinación por ellas sería solamente una función evolutiva. Este libro no da ese tipo de respuestas, sino que cuenta historias que dejan en evidencia nuestro encanto por las flores y permite hacernos nuevas preguntas, ¿por qué se llama así la buganvilia?, ¿quién descubrió las propiedades del aloe vera?, ¿de dónde es originario el azafrán?, ¿cuál es el misterio de la mandrágora?, ¿por qué Holanda está llena de tulipanes?

La ilustración, a cargo de Amélie Fontaine –ganadora del Premio Bologna Ragazzi 2017, junto a Sophie Lamoureux, en la categoría no ficción con el libro Planète Migrants (Actes Sud Junior, 2016)–, grafica muy bien lo que narra el texto, deteniéndose en los objetos, contando la historia desde ellos, a modo de registro, de resumen o de recordatorio. Así, es fácil abrir el libro y, a partir solo de las ilustraciones, recordar lo que antes leímos.

“Los viajes perfumados” (Océano, 2019)

Los buenos libros son aquellos que vuelven a aparecer una vez que los terminamos. En este caso pasa algo así. Saldremos a pasear, con nuestro nuevo conocimiento misceláneo sobre plantas y, seguramente, llegará a nuestro olfato una ráfaga de jazmín, alguien nos convidará una crema de recuperación en base a aloe vera, un vendedor ofrecerá rosas a los conductores de vehículos detenidos en un semáforo o en algún restaurante más de una receta tendrá clavos de olor o azafrán. Eso será suficiente para desplegar, frente al afortunado (o desafortunado) acompañante, el fascinante conocimiento anecdótico que nos entrega este libro. Información que hará de la aparición de alguna de estas plantas y flores, motivo de conversación y una que otra investigación en Wikipedia.

Hay algo, sin embargo, que pareciera escaparse a los autores; un detalle que, aunque quizás es algo inevitable, no quisiera dejar de mencionar. Y es que en el libro está presente cierta mirada eurocéntrica, pues cada historia que se cuenta es, finalmente, la historia de flores que son descubiertas en África, Asia o América, por colonizadores europeos que van haciendo brotar las plantas en el curso de la gran historia occidental.

Pero, digámoslo, de alguna manera esto es así: la historia de las flores es equiparable a la historia de o desde Occidente. Y en ese sentido el libro es honesto ­­­­al afirmar, por ejemplo, que la historia detrás de la buganvilia es que fue descubierta en Brasil y nombrada así en honor al capitán del barco que llevó esta planta por primera vez a Europa; o que la historia de la amapola es que, a partir de un misionero que en su viaje a América observó a nativos fumar tabaco, se inició una era de difusión de narcóticos; o que el opio fue aprovechado por los ingleses, quienes fomentaron su adicción para poder comprar el té más barato a los chinos y dieron paso a la Guerra del Opio que terminó con Hong Kong como colonia británica.

Precisamente por lo anterior, es que en este libro, a partir de las flores, podemos ver la intervención europea en otros continentes, todo sea por llevar una rosa que decore, una esencia que perfume los cuerpos o estigmas vegetales que aliñen sus comidas. Y esta es la gracia de este libro: mostrar que detrás de cada flor pueden haber muchas y muy interesantes historias.

Esta reseña fue publicada en marzo del 2020 en el boletín n° 10  del comité de valoración de libros Troquel. 

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