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Una mirada a la obra de Tom Gauld

Ilustraciones con formas simples, que bordean el minimalismo, se han transformado en el sello de Tom Gauld, historietista escocés que añadió la cuota de humor a nuestro comité con su más reciente entrega. En la cocina con Kafka, que confirma a Gauld como uno de los ilustradores más inteligentes y mordaces de la comedia inexpresiva, motivó la siguiente revisión de su trayectoria.

Por Diego Muñoz C.

Un arranque desprovisto de toda sinceridad mencionaría lo siguiente: al historietista escocés Tom Gauld se le conoce como “el dibujante de los amantes de los libros”. Por lo anterior, y buscando no caer en etiquetas que solo le sirven de orientación a quienes entienden la lectura como un podio de posicionamiento intelectual, comenzaré desde otra vereda. Una más personal.

Conocí el trabajo de Tom Gauld hace 3 años, cuando un buen amigo optó por su novela gráfica Goliat (Sinsentido-Apaapa Cómics, 2012) para que fuera el regalo que me entregaría por mi cumpleaños. Mi amigo, fiel al rap como estilo, estampó una dedicatoria que emulaba un grafiti en una de las hojas que abría el libro: “Disfrútalo, como tantas de tus lecturas”, remataba. Y no equivocó: porque no solo lo disfruté, también lo investigué, adquirí el resto de los títulos del autor y en mi tarea de bibliotecario –saltándome cualquier manual de promoción de lectura– lo recomendé aunque me estuvieran pidiendo mi escasa opinión en libros de manualidades o de autoayuda.

Es esta razón, agregada la buena acogida que ha tenido su obra conjunta, tanto por críticos como lectores, la que me llevó a tomar con optimismo la tarea de escribir sobre él. Y como no podría partir de otra forma, tendré que rebobinar hasta el principio de su carrera. Cuenta Gauld en una entrevista al medio web español El Cultural, que siendo solo un estudiante de la Escuela de Arte de Edimburgo, intentó definir su estilo apostando por una estética que se elevara hacia lo virtuoso, el uso prolijo de la técnica y  de los materiales. Pero –recuerda el dibujante– el resultado nunca fue el esperado: “era siempre terrible. A nadie le gustaban”. En cambio, advirtió que sus amigos y profesores disfrutaban mucho de los bosquejos que hacía para pasar el rato, mucho más cercanos al lenguaje narrativo-visual del cómic que a la sublimidad de las Bellas Artes. Por lo que dejó de buscar en la academia y comenzó a trazar las líneas que definirían su sello característico: formas simples, a veces sin semblantes, que juegan con el minimalismo, con el fin de lograr actos comunicativos certeros.

 

«Goliat» (2012) y «Un policía en la Luna» (2016)

 

Y no erró sus balas, ya que las tiras cómicas por las que es mundialmente reconocido y en las que se ríe de buena gana del mundo literario e intelectual, aparecen publicadas desde hace trece años en el  prestigioso periódico británico The Guardian. Actualmente, su trabajo goza de tan buena salud que habitualmente es comparado con el noruego John Arne Sæterøy, más conocido como Jason. Piropo nada menor y que se sustenta en la idea de que ambos construyen mash-ups literarios imposibles y en que sus personajes, movidos siempre por las circunstancias, pululan por entornos solitarios en donde la única moneda de cambio es la de lo cotidiano.

No es hasta el 2012, con la aparición de Goliat –la primera traducción al español de su obra–, que su nombre comienza a agarrar fuerza por este lado del globo. En este título, que reversiona la batalla bíblica entre israelitas y filisteos, Gault decide presentar una historia sobre los vencidos, introduciendo a Goliat de Gat como un gigante pacífico que adora trabajar haciendo papeleo y que, a pesar de su imponente presencia, se reconoce como el peor espadachín de su pelotón. El resto de la historia es conocido por todos y mantiene su amargo final intacto, solo que Gauld lo retuerce.

El 2016 publica Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora (Salamandra Graphic), recopilatorio de lo más selecto de sus tiras cómicas publicadas en distintos medios digitales y escritos. Aquí el dibujante, dotado de una maestría rítmica y de un humor quirúrgico, se nutre de viñetas que se mueven entre la irreverencia y el absurdo: una heroína de novela fantástica juvenil que no es huérfana, Charles Dickens convertido en un superhéroe enmascarado o crossovers improbables entre robots y los personajes victorianos de las novelas de Jane Austen.

Un año después, también bajo el sello Salamandra Graphic, se publica Un policía en la Luna, novela gráfica que parodia las quimeras sesenteras del hombre por llegar al satélite natural de la Tierra. El relato, que recuerda en su soledad abrumadora la película Moon, de Duncan Jones (2009), se centra en un policía que observa con desinterés cómo una avanzada colonia lunar se va quedando abandonada mientras come donuts y realiza rondas diarias de vigilancia en un lugar que tiene una tasa de criminalidad de 0 %. A mi parecer, su obra mejor ejecutada puesto que ofrece niveles de lectura más hondos y apunta a la soledad, la melancolía y al hastío vital como leitmotiv principales.

«En la cocina con Kafka» (2018)

 

El 2018 Gauld retornó con una nueva muestra de lo más destacado de sus tiras cómicas: En la cocina con Kafka (Salamandra Graphic). El libro, lejos de ser el recetario de cocina del escritor checo, confirma a Gauld como uno de los ilustradores más inteligentes y mordaces de la comedia inexpresiva. Antologías poéticas para gente a la que no le gusta la poesía, Kafka cocinando un bizcocho de limón mientras aconseja que “el sentido de la vida es que se acaba” y las distopías de J. G. Ballard en clave infantil protagonizadas por un osito de peluche, son parte esta colección de historietas que borran las distinciones entre alta y baja cultura a través de ensamblajes del mundo literario, la cultura pop y el academicismo.

Un cierre desprovisto de toda sinceridad diría lo siguiente: fue este último libro el que le significó un galardón como mejor publicación humorística en la última entrega de los Premios Eisner. Dicho lo anterior –y sumada la presión por cerrar este texto de alguna manera–, volveré a la imagen del amigo rapero, quien está próximo a estar de cumpleaños y que tal vez, solo siendo justo con nuestra amistad, debería hacerle llegar un regalo que tuviera estampada la siguiente dedicatoria: “¿Te acuerdas de Goliat? Infinitas gracias. Lo disfruté cuanto pude.”

Esta reseña fue publicada en marzo de 2019 en el boletín n° 8 del comité de valoración de libros Troquel.

 

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Troquel

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