Ingeniería de papel: criterios para seleccionar libros móviles

En el siguiente artículo indagaremos en los distintos aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de seleccionar un libro móvil, las distintas clasificaciones dadas por especialistas y algunas recomendaciones imprescindibles que han formado parte de nuestros boletines Troquel.

Por Macarena Pagels

 

Dentro del mercado de la literatura infantil hay un espacio importante para los libros móviles, que coloquialmente también llamamos pop-up. Más de alguno se ha topado en la librería o en alguna biblioteca –incluso en el supermercado– con este tipo de ejemplares, que producen un inmediato efecto sorpresa tanto en niños como adultos.

No es de extrañar este efecto, ya que los mecanismos de interacción y el efecto lúdico que promueven son muy cercanos al de los juguetes, además de las imágenes deslumbrantes que emergen con tan solo abrir sus páginas. De hecho, muchos son atesorados como objeto de colección y su materialidad parece resaltar mucho más por sobre su contenido.

Sin embargo, esta es una de las cuestiones que hay que abordar con precaución al valorar la producción de este tipo de libros para la infancia, desde una mirada especializada, e indagar un poco más sobre el arte de la ingeniería de papel.

Comenzando por el nombre con que los conocemos, ya que pop-up refiere solo a una de las técnicas de plegado que son posibles en este amplio abanico. Es preferible y más adecuado hablar de libros móviles o animados, ya que abarca otras técnicas y complementos como solapas, troquelados o lengüetas que promueven la interacción con los lectores. Varios especialistas han desarrollado una minuciosa clasificación en base a su morfología o sus mecanismos.

A grandes rasgos, los libros móviles se suelen clasificar por los movimientos o acciones que realizarán los elementos que componen las escenas, así como el resultado o efecto que logran a través de ellos. Los ingenieros de papel son los encargados de diseñar y construir las diferentes piezas, ensambles y dispositivos realizados sobre papel u otros materiales de las mismas características (acetatos, plásticos o espumas laminadas) que forman parte del libro. Muchos de estos profesionales provienen del mundo del diseño industrial, las artes gráficas y la ilustración.

Mientras un lobo le canta a la luna (Hueders, 2017)

Siguiendo con su clasificación, los libros móviles pueden agruparse en tres grandes categorías según sus características y el efecto que persiguen. La primera alude a la transformación de imágenes, es decir, una ilustración da paso a otra que está oculta. Aquí incluimos, entre otros, libros con solapas –donde una pieza plana de papel o cartón que al ser levantada destapa una ilustración oculta–, libros troquelados –cuyas páginas presentan perforaciones o han sido cortadas en su contorno con cierta forma– y libros con imágenes combinadas –cada página está dividida o cortada en varias secciones, de modo que al pasar de página se pueden combinar las imágenes mezclando las divisiones–.

Una segunda categoría corresponde al movimiento que da vida a sus personajes, escenarios o ilustraciones mediante la animación. Aquí encontramos, principalmente, libros con lengüetas –contienen imágenes que se ponen en movimiento al tirar, empujar o deslizar una palanca de papel– y libros ruleta –compuestos por un disco giratorio que al darlo vuelta provoca que la imagen que vemos en una ventana de la página, dé paso a la siguiente–.

Y la tercera categoría se relaciona con la tridimensionalidad que da profundidad y efecto de relieve a la escena que se presenta al abrir el libro. En ella se incluyen teatrillos –al abrir el libro se forma un escenario por capas, con diferentes decorados, personajes e ilustraciones–; libro carrusel –donde las tapas del libro se abren hasta 360º dándole aspecto de estrella o de tiovivo–; y los clásicos pop-up, en los que una estructura tridimensional autoeréctil se despliega al abrirlo, volviendo a su condición plana al cerrarse el libro.

El boletín semestral del Comité de valoración de libros de Troquel ha incorporado desde el primer número una serie de libros que contienen estos elementos interactivos, desde solapas y troquelados hasta libros pop-up. Ejemplares como El ilusionista amarillo (Niño Editor, 2016), Animezclados (Amanuta, 2016), Super niño (Kókinos, 2015), El más asqueroso libro del cuerpo humano (Océano, 2016), Abracadabra (Casals, 2019), En la granja (Océano Travesía, 2018), Mientras un lobo le canta a la luna (Hueders, 2017) y Pop-up Luna (Edelvives, 2018), entre otros.

Al tener claridad de las características de los libros móviles y de los mecanismos que integran para la interacción con sus lectores, también surge la necesidad de establecer parámetros que nos orienten en su valoración como literatura infantil, ya que la espectacularidad de sus complementos no debiera definir a priori su calidad.

Debido a la experiencia lúdica y atractiva que ofrecen, estos libros se hicieron populares precisamente como objetos de juego y entretenimiento. Sin embargo, a diferencia de los juguetes, diseñados específicamente para jugar y fabricados con materiales más resistentes, los libros móviles no están concebidos para ser tratados de igual forma. Su delicada naturaleza y fragilidad del papel invita a ser leídos y manipulados con cuidado y respeto.

Los libros móviles ante todo se caracterizan por la transformación del contenido de sus páginas, por su alto grado de interactividad –donde la participación del lector no se limita, en general, a pasar de las páginas– y, sobre todo, el efecto sorpresa que generan en los lectores. Como toda literatura, posibilitan múltiples posibilidades de lectura, pero además juegan con su soporte e irrumpen en el espacio físico del lector. Éste es el responsable de dar vida a la historia mediante su interacción.

Algunos criterios que podemos tener en cuenta para mirar con un ojo crítico este tipo de obras van desde su materialidad, su contenido y la relación que buscan establecer con los lectores por medio de los distintos mecanismos que integran.

En términos de su materialidad, por mucho efecto sorpresa que tenga, el mecanismo de papel tiene que estar bien puesto y bien hecho, no puede ser un mero adorno. También podemos fijarnos en las características de los materiales con los que están hechos. Para niños 0 a 3 años, por ejemplo, deben ser unos pop-up de piezas grandes y consistentes. Deberían estar hechos con una cartulina lo más resistente posible o incluso con otros materiales, como tela o plástico. Las cartulinas con que se fabrican estos libros son, en general, lo más flexible posible para soportar la mayor cantidad de dobleces sin romperse.

Otro aspecto a considerar para su valoración es el contenido, en términos del equilibrio que existe entre los textos, las ilustraciones y los mecanismos interactivos. También cabe aquí preguntarse por la vertiente desde donde nacen estas producciones literarias: por un lado, tenemos todas aquellas que debido a su gran éxito son adaptadas en formato pop-up, con fines comerciales más que estéticos, y por otro están aquellos libros móviles que nacen desde la originalidad y lo creativo, alejándose de lo decorativo y apuntando a la creación de nuevos discursos.

El ilusionista amarillo (Niño Editor, 2016)

Animalario Universal del Profesor Revillod (FCE, 2003)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y un tercer parámetro que incluyo aquí es la relación que promueven con sus lectores, y debido a las características particulares de este tipo de libros, específicamente al grado de interactividad que posibilitan a través de sus componentes. En algunos ejemplares, sin el desplazamiento de las páginas o de otros dispositivos incluidos en ellos, los significados que propone la lectura no podrán ser recibido en su totalidad por el lector.

Los mecanismos de los libros móviles tienen diferentes funciones: unos van más dirigidos al aprendizaje de los niños, la búsqueda de información y otros a ser contemplados a la vez que transcurre la historia. También hay que tener en cuenta su complejidad. Por ejemplo, en los libros para primeros lectores los mecanismos suelen ser más sencillos, sin embargo, implican mucho más de este lector que tiene que interactuar con el libro. Por contraste, algunos libros con mecanismos más complejos, como el pop-up o ilustraciones tridimensionales, son libros completamente visuales en los que la interacción con el lector se limita a la acción de pasar las páginas para descubrir la sorpresa que sigue a continuación.

En síntesis, lo que hace que un libro pop-up sea bueno es el equilibrio entre todas sus partes. No es un tema solamente de la ingeniería de papel y de la materialidad del libro, el conjunto en su totalidad debe ser una obra convincente y amena para el lector.

Referencias

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