Michèle Petit y el arte de la lectura en tiempos de crisis

En estos tiempos tan extraños, de distanciamiento social y confinamiento, nos preguntamos una vez más por el rol y la importancia de la lectura. Es en este contexto que las palabras de Michèle Petit en su libro El arte de la lectura en tiempos de crisis cobran tanto sentido. El libro construye una mirada teórica a partir de diversos testimonios de lectores en espacios y situaciones críticos, que durante años, la antropóloga francesa ha logrado recopilar. [Créditos portada: gretel.cat]

Por David Agurto

Michèle Petit es reconocida mundialmente por los mediadores de lectura. Su trabajo ha sido trascendental para entender el rol de la lectura en sectores vulnerables, sean zonas rurales o barrios marginales de la urbe. Es que, la investigadora de la Universidad de París, conoce de cerca la realidad. Sale a terreno a conversar con los mediadores de lectura, a conocer a los lectores. Y lo hace sabiéndose lectora también. Tal como señala en una entrevista publicada por La Fuente en 2015, al referirse a su texto Una infancia en el país de los libros (Océano Travesía, 2008), “cuando tienes un objeto de investigación, me parece indispensable, pensar qué relación íntima tienes tú con eso”. Su relación con la lectura, sus viajes entre Francia y Latinoamérica, su constante diálogo con las personas, han hecho de esta investigadora, un referente respecto a la mediación cultural y en específico del arte de leer.

El arte de la lectura en tiempos de crisis (Océano Travesía, 2008) —disponible en formato electrónico en la Biblioteca Digital Escolar— es una de sus grandes publicaciones. Bajo la edición de Daniel Goldin —otro de los referentes importantes en la mediación lectora en Latinoamérica— y la traducción de Diana Luz Sánchez, es un libro con ocho capítulos más un prólogo, que intenta sintetizar su experiencia con la lectura en zonas vulnerables de muchas partes del orbe. Desde Chiapas a la Patagonia, pasando por los barrios marginales de Francia y sectores de Canadá y Camboya. Pero no solo es su experiencia, sino más bien la de los lectores, que tienen algo en común, vivir en un contexto crítico, ya sea dado por la pobreza, o porque han vivido una dictadura, porque pertenecen a una zona rural donde la cultura escrita es de difícil acceso, y que se han convertido en lectores porque eso les ha dado sentido a sus vidas.

El prólogo se basa en esa situación, en cómo la lectura o el recuerdo lector o literario ayudó a muchas personas en diversas situaciones críticas, estando en situación de cárcel, por ejemplo, o en un campo de concentración. Cómo prácticamente les salvó la vida o se mantuvieron tranquilas frente a una tempestad. Es importante señalar que Petit no solo se refiere a la lectura en tiempos de crisis —como el que vivimos actualmente en Chile, por ejemplo, entre estallido social y pandemia—, sino que también describe la crisis desde las situaciones personales. Señala que hace tiempo somos una sociedad en crisis constante.

El primer capítulo es algo ya conocido por los mediadores. Y tiene que ver con asumir la realidad crítica en la que vivimos, por una parte, y por otra, que los mediadores de lectura nos debemos acercar a las zonas donde la escritura y la lectura prácticamente no llega. De ahí que este acápite se titule “Todo empieza con una hospitalidad” al narrar la importancia del espacio de la lectura. Según su observación casi siempre es lo mismo. Se comparte una lectura, hay un mediador leyendo o relatando en voz alta, y después viene una conversación o incluso silencio. De ahí surgen muchos testimonios de lectores —niñas y niños, jóvenes y adultos— de cómo les ha cambiado la vida tener ese espacio que jamás es impuesto, donde sienten resguardo y alegría, aunque muchas veces su mirada diga lo contrario. Es el espacio para apropiarse de los libros.

Esto es fundamental, ya no basta con solo dar el espacio físico y emocional, sino que se trata de dar la oportunidad de encontrarse con la palabra, con la metáfora, de que estos posibles o nuevos lectores hagan propia la literatura que leen o escuchan. Michèle Petit menciona la experiencia de la mediadora e investigadora Beatriz Helena Robledo en Colombia, con jóvenes de 17 y 18 años, que habían sido guerrilleros, con un imaginario mínimo y muy poco interés en el saber, que habían encontrado un espacio íntimo al recordar algunos mitos y leyendas de su infancia. Este espacio jamás fue escolarizado ni terapéutico, sino más bien se le dio un sentido de lúdico.

Y es que la lectura también les da voz a las personas. Tal como indica Petit al comienzo del tercer capítulo, leer hace hablar. Leer en estos contextos de crisis provoca que la gente se comunique entre sí. Este es uno de los valores fundamentales de la lectura, devolverle la voz a quien estuvo en silencio. Pero no basta solo con leer. Es aquí donde llegamos a un capítulo fundamental, que tiene que ver con otra de las funciones del mediador. ¿Qué leer? La clave, señala en la quinta parte de su libro, es el eclecticismo, tener un espíritu conciliador. Menciona a varios lectores e incluso escritores que en su infancia leían lo que tenían a mano, pero también hace hincapié a entregar libros de calidad a los lectores que han sido más desfavorecidos, a darles la confianza que pueden leer todo y no solo los que otros consideran obsoleto.

Tal como indica Petit al comienzo del tercer capítulo, leer hace hablar. Leer en estos contextos de crisis provoca que la gente se comunique entre sí. Este es uno de los valores fundamentales de la lectura, devolverle la voz a quien estuvo en silencio.

Me he preguntado cuál es o será el rol de la lectura en estos tiempos. En una crisis que subraya las desigualdades que han provocado las crisis anteriores. El capítulo final del libro de Petit se titula “La escuela y la biblioteca, en la primera línea”. Y cada vez que reflexiono sobre la problemática de la lectura en la actual crisis pienso en ese título. Se vienen tiempos complejos. Bibliotecas cerradas, mediadores leyendo a distancia a través de recursos digitales, librerías tratando de hacer entrega rápida de su catálogo. Incluso leí una noticia esta semana que me remeció, una librería castigada con una multa de cinco millones de pesos por repartir libros. Invito a leer la experiencia de Petit a los mediadores de lectura. Los párrafos anteriores para muchas y muchos ya debe ser tema conocido, es lo que hacen en su práctica, sin embargo, los testimonios de otros mediadores y en especial de lectores —que no caben en una reseña—, nos dan sentido y fuerza para seguir trabajando, y al igual que la lectura nos da calma en medio de la crisis.

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